Entre las plácidas arenas de color ceniza, donde las aguas de color cobre iban y venían en las orillas de sus costas, dos personas hablaban entre susurros. El interior de la Tierra tenía sus caprichos, entre ellos una luz mortecina de color blanquiazul, que dominaba todo ese pasaje desolador.
Uno de los intervinientes en la conversación parecía una fémina, de un aspecto casi humano, con la excepción de que no tenía pelo, y su piel era blanca como la leche. Sus ojos eran muy oscuros, y sus ropajes se componían de un top y un pantalón hecho de pieles de un animal desconocido, de color rojizo y escamoso. Su compañero, de aspecto parecido, aunque con los ojos verde oscuros y ropajes azules de iguales características, solo que todo en una pieza, se hallaba delante de ella en la arena, ambos sentados uno frente al otro.
RICK: Estás loca, Liara, si pretendes llevar a cabo algo tan descabellado. La Mente-Máquina te castigará.
LIARA: ¿Y qué opciones sugieres? Nuestro pueblo languidece, los nacimientos decrecen. Es la única manera.
RICK: ¡No! No puedes llevar a cabo semejante cosa. Mira, Liara... sé que no estamos en nuestros mejores momentos...pero las máquinas nos han permitido mejorar...
Ella se levantó de improviso, con un fruncimiento de ceño.
LIARA: ¿Mejorar? ¿Implantando nano-máquinas en nuestros órganos? ¿Cosechando a nuestros hijos? Estamos muriendo...
RICK: No exageres. Nuestros ancestros eran débiles, apenas teníamos posibilidades de supervivencia. Y lo que tú llamas "cosechar", es tan solo selección artificial para mejorar a los más débiles.
LIARA: ¡Nos están transformando, Rick! ¿Es qué no te das cuenta? Pronto lo vivo acabará por extinguirse, para transformarse tan solo en una vida de inteligencia artificial y maquinaria.
RICK: Si ese es nuestro destino para supervivir...
LIARA: ¡No! Lo siento Rick, pero no puedo aceptar un destino tan funesto. O estás conmigo en esto o estás fuera, pero no pienso quedarme parada.
Ella comienza a dar pasos en dirección contraria, pero él la detiene cogiéndola de la mano.
Ambos se miran. Tras unos segundos, el baja la cabeza, con lo que ella le suelta la mano, para caminar decidida, alejándose cada vez más de él.
Aquella decisión iba a cambiar de manera drástica tanto el interior como la superficie de la Tierra.

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