Nueva Zelanda
Tecno-Ministerio de Comandancia
06:00 A.m.
La llamada se produjo apenas las primeras horas de la mañana.
El Ministro se levantó de su cama, con un zumbido en su cabeza. La tecnología de las máquinas había avanzado tanto, que los teléfonos se habían quedado obsoletos en poco tiempo. Ahora el sistema de comunicación era un chip de integrado en el cerebro, junto con un par de extensiones en el oído interno y en la boca, a nivel minúsculo.
- Ministerio de Comandancia. Aquí el ministro Porter.
- Ministro Porter, la central XR200398 le informa de la demolición de las islas Tokelau- le informaba una voz electrónica. Aunque las máquinas habían perfeccionado la tonalidad y voz humana, todavía tenían un matiz computacional que las caracterizaba.
El ministro, un hombre delgado, con barba bien afeitada y pelirrojo, se quedó con la boca seca por un instante.
- Central, tiene que haber un error de información....
- En absoluto, señor Ministro, los cálculos son precisos- la frialdad con la que contestaba la máquina provocaba que Porter se pusiera aún más nervioso.
- Central, los cálculos pueden ser precisos, pero no éticos. No se pueden demoler esas islas. En ellas vive todavía población humana, y una diversidad de flora y fauna importante.
- Ministro Porter, hemos recolectado toda la flora y fauna de esas islas en un 70%, y las hemos redistribuido de una forma equitativa. Sin embargo, la población de la zona no es una especie...colaboradora.
El Ministro tragó saliva. Sabía lo que aquello significaba.
- Central, la población todavía puede ser útil. Las facultades que disponen...
-...no cumplen con los planes demandados. Está decidido.
-¡Pero no pueden demoler esas islas con gente dentro!
- Sr. Ministro, esas islas ya fueron demolidas hace 10 minutos. Le mandaremos informes en cinco minutos. Cierre de transmisión.
El Ministro se quedó paralizado. Un sudor frío le recorrió la espalda. Ahora sólo quedaba silencio.
Y lo peor de todo es que no podía hacer nada. Los medios de comunicación estaban controlados, dando noticias que solo las máquinas les interesaba.
¿Hasta cuándo duraría ese férreo control? ¿La humanidad estaría para siempre condenada bajo el yugo de aquella tecnología superior?

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