Humanos modificados tecnológicamente y semi humanos involucionados compiten por la supremacía en las zonas habitables más frías, donde los recursos y el alimento se han convertido en moneda de cambio y la vida vale poco más que el valor de tus botas.
Mientras los gobiernos humanos se enzarzan en ridículas disputas por el territorio, las máquinas ven cada vez más innecesaria la presencia del hombre en el mundo, su mundo. Demasiado caóticos e impredecibles, capaces de aferrarse a ideas y morir por ellas, por estúpidas que éstas sean.
Entre los ruinosos restos de lo que una vez fue una civilización floreciente surgen nuevas ciudades, hundiendo sus cimientos más allá de las ruinas, olvidando su historia, olvidando su ser.
Hace años que no queda nadie que recuerde los tiempos en que el hombre dominaba la Tierra en toda su extensión y las máquinas, meros ingenios tecnológicos, servían a éstos con lealtad ciega. Ahora, cambiadas las tornas, es el humano el que jura lealtad a la máquina y se postra a sus designios más infames.

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